viernes, 17 de agosto de 2012

Compartir piso con un vikingo

Primer día perdido en Bergen. ¿Qué se te ocurre hacer?  Pues nada raro; buscas compartir piso aunque sólo sea para poder contemplar el panorama de la vivienda nórdica. Vas atravesando calles empedradas, medio vacías, poco transitadas, un cielo gris te acompaña y gotas finas de lluvia van calándote lentamente. Te dicen que es sábado y que es normal; te dicen que han llegado las vacaciones de Semana Santa y que es normal. Son las 11,20 cuando llegamos al portal del piso que debemos visitar.
Los anuncios publicados para compartir piso son escuetos, tan escuetos que sólo te ponen el nombre del que ha puesto el anuncio, en este caso Christer, sin número del piso ni número de teléfono de contacto. Con lo cual al llegar tienes que mirar el interfono por si da la casualidad de que el nombre de Christer aparece escrito en uno de los botones… Has tenido suerte y sí que está; llamas una vez, dos veces, incluso una tercera vez más larga y nada, no hay nadie en el piso. Piensas que es normal porque la cita era a las 12,00. Paseas por los alrededores y vuelves a las 11,50 repitiendo la misma operación. Nada…. No hay nadie… Cuando falta un minuto para las 12,00 alguien abre la puerta del portal. Sorprendentemente, Christer, aunque puedas pensar lo contrario, es nombre de hombre, es el nombre de un vikingo de dos metros, pelo largo, lacio y rubio y una barba como la de los pescadores de alta mar. Sólo le falta un arpón en la mano para que salgas corriendo. Nos explica que no ha abierto antes porque sólo tenía una cita a las 12,00. Con nosotros, claro.



El vikingo en cuestión es amable, habla con tono tranquilo y su inglés es bastante bueno pero, queridos amigos, ¡¡¡es un guarro!!! No se lo vas a decir en la cara, le dices que el piso es fantástico y que la cocina con los cubos de basura llenos a rebosar y esperando a que alguien se acuerde de sacarlos está muy bien. Y cuando ya estás tardando en irte porque no hay quien aguante en ese piso te dice que te sientes en el salón porque te quiere hacer unas preguntas antes de que te marches. Aceptas por educación y comienza por tu nombre, por tu edad, por tu nacionalidad (alucina), por el motivo de tu estancia en Bergen, en fin, no es la oficina de inmigración pero lo parece. Cuando ya parece terminar con el cuestionario dice que tiene una última pregunta: ¿Cómo reaccionarías si el lavabo llevara más de dos meses sin limpiarse? Contestas que la limpieza tiene que ser compartida y por turnos como en cualquier otro piso compartido y que en España normalmente se realiza una vez a la semana a fondo. Es en ese momento cuando el vikingo alucina y con un leve movimiento de cara arriba y abajo contesta: ‘interesting’.

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